Filósofo del año

MIRCEA ELIADE

HISTORIA DE LAS RELIGIONES

Hay dos grandes estudiosos de las religiones y la mitología en el Siglo XX: Karl Kerengyi y Mircea Eliade. La ausencia de lo religioso es el progreso indefinido. Los libros más importantes de Eliade en su columna vertebral de su proyecto analítico de las religiones y con un fuerte apoyo de recursos míticos:

EL MITO DEL ETERNO RETORNO. 1947.

Escrito después de la Segunda Guerra Mundial. Eliade sufrió mucho lla posguerra. Su primer proyecto se realiza en el exilio en Francia. Al haber vivido en la India, tenía muy presentes las cultura y tradición india en toda su obra.

Viene a replantearse el historicismo. Desde el Siglo XVIII-XIX, desde Russeau, Hegel a la actualidad, el historicismo ha tallado la mentalidad de los historiadores: El ser humano pertenece a una Historia, construye una historia (Hegel solo habla de la historia como el medio para la construcción del espíritu). Tras la Segunda Guerra Mundial Eliade se plantea si esto es cierto, y llega a la conclusión que no, que dicha disertación es un cuento.

Partiendo del hombre desde sus orígenes, desde las sociedades tradicionales, Eliade lleva a la conclusión que el tiempo no existe o dicho de otra manera, que el tiempo cíclico. Sin embargo, estamos tan influidos por el tiempo, que suena subrealista pensar que el tiempo no existe. Precisamente la impresión que tenemos del tiempo es que es un Dios que gobierna al hombre, marca nuestro nacimiento, desarrollo y muerte (ciclo vital).

Para una visión tradicional, neolítica, y que retoma Nietszche, el tiempo tiene una naturaleza cíclica. Ello provoca a Eliade el estudio en las tradiciones ancestrales y en las mitologías (india, griega, norteamericana, escandinava) sobre la concepción del tiempo cíclico, y con ello, llega a la conclusión llamativa que no morimos, ya que lo que hacemos es retornar de otra manera. Ello se explica de siguiente manera: el concepto de tiempo cíclico no sólo se aplica a idea de nacer-morir-nacer en la naturaleza, sino a una concepción arquetípica del tiempo (desde el origen del tiempo el hombre pretende volver allí gracias a los rituales). El ritual devuelve al hombre a ese monto fuera del tiempo en el cual surgió el origen.

Eliade considera la civilización hindú como clave para su explicación del rito, y de la importancia del ritual en el retorno al origen primigenio y en el ciclo entero. En la civilización grecolatina también se pueden encontrar trazas de dicha explicación, ya que cada año (año magno) el hombre moría y volvía a renacer en algo nuevo, transformado, y el año expresaba las cuatro estaciones fases agrícolas para volver a ser creados. De aquí Mircea Eliade reivindica el eterno retorno como fundamental para concebir el tiempo cíclico. El fundamento del tiempo cíclico se encuentra en todas las sociedades tradicionales hasta la erupción de la sociedad judeo-cristiana que define el tiempo como algo lineal (aunque herede conceptos romanos como el año litúrgico, ya que el cristianismo conserva el nacimiento y muerte de Jesús junto al ciclo público coincidente con el ciclo de las cosechas.

Con la ilustración y la industrialización se eliminan los rituales, y ello hace, según Eliade, que el hombre se separe del ciclo temporal ya que es el constructor de la historia. Esta nueva perspectiva se basa en la percepción del progreso indefinido (superstición que hace creer al ser humano que evoluciona siempre hacia adelante, con mayor bienestar y más libertad), aunque el hombre se haya convertido en una máquina más. Desgraciadamente los años treinta, la Segunda Guerra Mundial hizo defender a Eliade la falacia temporal del historicismo, ya que el hombre volvió a repetir guerras y errores, para así resurgir de nuevo. Para Eliade, la nueva elección por la técnica es un error que tendrá consecuencias, ya que la imposición del progreso técnico no tiene oposición (el hombre prefiere pactar con el diablo (Fausto) que enfrentarse al desarrollismo a cualquier coste).

El enfrentamiento con la corriente historicista hace que Eliade se encuentre junto a otros autores en esa lucha por revindicar lo cíclico en la historia, revisando la historia lineal hegeliana sobre las bases de Nietzsche de retomar la conciencia del tiempo cíclico: Oswald Spengler (1880-1936) en su “Decadencia de occidente” y Arnold Toynbee (1889-1975). El orientalismo de Schopenhauer abrió a Nietzsche las puertas de esta concepción circular del tiempo.

Como conclusión de esta obra Mircea Eliade enfatiza la concepción cíclica en todas las realidades humanas frente las perspectivas lineales, historicistas, de progreso ilimitado, que tan de moda estaban y siguen estando vivas hoy.

LO SAGRADO Y LO PROFANO. 1964.

Hay un proceso de desacralización y de secularización de lo religioso (entendido como “religar” con lo material con lo metafísico -operación de datos simbólicos-) desde la generación de la burguesía. Ello genera en las civilizaciones una ausencia absoluta de lo sagrado.

Eliade arranca su análisis con el estudio de  “Lo Sagrado” de Rudolph Otto, que se resume en que lo sagrado es una experiencia luminosa (experiencia sui generis que no se puede definir pero sí dilucidar), pero irracional.

Sobre esta base física, palpable, concreta, visible que no es irracional, lo sagrado se manifiesta en la instancia racional, en tanto consciente, para poder recuperar el eterno retorno (experiencia originaria tradicional de elementos perdidos por la desacralización y vaciados de contenido por la modernidad).

Para Eliade lo sagrado no es una experiencia irracional, y se manifiesta físicamente en cuatro etapas o fases:

1.- El espacio físico real de lo sagrado. La única forma que encontraron las civilizaciones de encontrar en el mundo físico que le rodeaba era con la construcción del “axis mundo” (sacralizando un lugar concreto de la naturaleza construyendo un templo, un totem, una zona) que conectan a los hombres con la experiencia de lo divino. Eliade aclara que todo lo que está fuera de esa zona es lo profano )Profanación es la negación de lo religioso).

2.- El tiempo.

3.- La naturaleza.

4.-  El cosmos.

Eliade reivindica que hay que recuperar esos espacios, tiempos, naturaleza y cosmos que conectan al hombre con lo divino, recuperando la primera experiencia mítica del ser humano con  Dios (no está sólo en el mundo sino que habita gracias a algo que le trasciende, y que está en un plano racional (supraracional), pero nunca irracional. Para ello el “axis mundo” es un ejemplo de esa realidad racional (eje vertical).

Por tanto, como conclusión, Eliade proclama la batalla a la desacralización estandarizada del falso progreso, de la falsa civilización de la fábrica, la máquina, la tecnología.